Libro Digital La Rebelión de las regiones

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martes, 11 de octubre de 2016

Por ahí puede ser la cosa. Editorial de El Tiempo – 22/02/1990



Los vimos marchar con pañuelos blancos, en conmovida demostración de duelo, después del asesinato de Luis Carlos Galán. Fue un hermoso y reconfortante espectáculo. Los estudiantes universitarios, de nuevo presentes y preocupados por le futuro del país. Pero esta vez no en actitud destructiva y negativista sino optimista y renovadora. No en vano bautizaron a su movimiento “Todavía podemos salvar a Colombia”.


Ahora se han vuelto a manifestar con una propuesta tan ingeniosa como interesante: introducir una séptima papeleta en las próximas elecciones por medio de la cual la gente se pueda manifestar a favor de una Asamblea Constituyente. Este movimiento estudiantil ha venido agitando el tema de la Constituyente desde hace algún tiempo. Sus promotores lograron recoger 35 mil firmas de apoyo a la iniciativa. Su preocupación es la de muchos -la mayoría- de los colombianos: el Estado necesita reformarse para acabar con la impunidad, con la corrupción, con la ineficiencia y con tantos otros males que aquejan la nación. Y como el Congreso ha demostrado poco interés en auto reformarse, se hace necesario explorar otros caminos.

La fórmula de la séptima papeleta se presenta con una inmensa ventaja sobre las demás propuestas que se han hecho sobre le tema de la Constituyente: es la única que hace viable el deseo de cambio sin violar la Constitución Nacional. No es incompatible con la fórmula que sugirió recientemente el doctor Lleras Restrepo. El ex presidente señalaba en un escrito que siempre ha sido la movilización popular el hecho político que ha precedido las reformas y no a la inversa. Pues bien: una manifestación popular de este tipo es precisamente lo que daría piso a la convocatoria de una Constituyente. Sería, por así decirlo, un legítimo golpe de opinión, por la sencilla razón de que el derecho a votar es legítimo. Lo contrario, la expedición de un decreto por parte del Gobierno para convocar al constituyente primario, se asemejaría más a un golpe de Estado.


Nos gusta, que esta iniciativa provenga de la juventud. Tendría la virtud adicional de ser un plebiscito por la vía positiva en contraste con tantos otros que se han propuesto (sin encontrar mucha acogida) por actitudes negativas tales como la abstención, el voto en blanco, etc. Existen aparentemente ciertas dudas sobre la viabilidad jurídica de añadir una papeleta más en la urna sin que anule el voto. Sería muy conveniente que el señor Registrador del Estado Civil se pronunciara oficial y públicamente sobre el particular.

En caso de encontrar luz verde, les ofrecemos a los gestores de la idea nuestro decidido apoyo. E invitamos a todos aquellos que se han manifestado de una u otra manera a favor de una Asamblea Constituyente, para que le den su concurso. Existen por supuesto problemas logísticos que pueden dificultar el acto físico de depositar una séptima papeleta. Para ello se requiere una sofisticada infraestructura y mucho dinero. Podría entonces complementarse esta iniciativa con lo que había propuesto el doctor Jaime Castro en el sentido de que los precandidatos interesados en la Constituyente se sumen al movimiento y declaren oficialmente que el voto por ellos es también un voto por la Constituyente.

Bien podría asemejarse este procedimiento a lo sucedido en España en 1932, cuando, a través de un mecanismo parecido, la Monarquía se vio obligada a darle paso a la República. En esta ocasión no sería una monarquía sino la tiranía de ciertas casas políticas obsoletas y corrompidas, las que se verían obligadas a darle paso a una juventud pujante y reformista, con la mayoría del país detrás, que tiene la convicción que “todavía podemos salvar a Colombia”.

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