El norte de nuestro país acaba de sufrir un fenómeno natural tan inusual como devastador: un doblete sísmico.
Quienes estudian la Tierra explican que esto ocurre cuando dos terremotos de enorme magnitud golpean de forma casi simultánea, separados por apenas segundos y escasos kilómetros. No se trata de un sismo y sus réplicas menores; son dos impactos principales donde el segundo —en este caso, el de magnitud 7.5 en Yumare— aprovecha la vulnerabilidad estructural dejada por el primero —de 7.2 en San Felipe— para terminar de derribar lo que quedaba en pie, la cual anuló cualquier capacidad de reacción de los ciudadanos.
Esta tragedia geográfica guarda una simetría exacta con el desastre político, social y económico que arrastramos desde hace décadas en Venezuela. Así como la corteza terrestre acumula una tensión insoportable cuando las placas “se traban” y no pueden liberar su energía de forma natural, los sistemas sociales colapsan cuando se les “impone” un modelo de estado que violenta la geografía, la demografía y las fuerzas vivas de una nación. Venezuela sufre hoy el impacto de su propio "doblete" institucional, provocado por la insistencia en un modelo de estado fallido, mala herencia colonial: el centralismo del poder ilimitado y asfixiante disfrazado falsamente de federalismo.
El paralelismo entre ambas dinámicas nos permite entender la gravedad y la raíz del problema venezolano e iberoamericano a través de cuatro realidades idénticas:
La acumulación de la tensión social:
En la geología, el desastre se gesta porque el terreno
bloquea el movimiento natural de las placas.
En lo político, las regiones de Venezuela son organismos vivos que necesitan producir, legislar, autogobernarse y administrar sus propios recursos para prosperar. Cuando el poder central absorbe todas las atribuciones, no elimina la necesidad de desarrollo de las provincias; lo que hace es “represar una inmensa energía social y económica que, tarde o temprano, desencadena una ruptura catastrófica”.
El primer impacto (El colapso de las bases):
El primer sismo debilita los cimientos de la sociedad.
En nuestra analogía, este golpe equivale a la destrucción
sistemática del aparato productivo y de los servicios públicos esenciales
—electricidad, agua, vialidad, salud y educación— bajo la mirada de un poder ilimitado
centralizado. Al vaciar de presupuesto y competencias a los estados y
municipios, el poder central generó un terremoto institucional que transformó a
gobernaciones y alcaldías en figuras decorativas, incapaces de dar respuestas
inmediatas a la población, (hecho que produjo el descontento de la población y
que permitió la asunción del chavismo al poder como alternativa de solución.)
El segundo sismo (El remate humanitario):* En los sismos del pasado miércoles 23 de junio, el segundo impacto llegó apenas 39 segundos después, demoliendo las estructuras ya resentidas. En el plano social, este segundo golpe es la crisis humanitaria compleja y la dolorosa migración masiva a la que se sometió el país. Una sociedad empobrecida por el control central carece de defensas; cuando el modelo de estado duplica su poder y radicaliza su rigidez, el tejido social se desmorona por completo, fracturando a las familias y drenando el capital humano del país. (lo produjo la concentración de poder que impuso la constituyente del 99 a través del autororitarismo que genero.
La mentira del diseño estructural:
Un doblete ocurre porque hay fallas interconectadas de forma
defectuosa bajo el suelo.
Políticamente, el diseño de la República padece una contradicción constitucional insostenible desde 1811: nos llamamos "Estado Federal", pero operamos ancestralmente bajo un centralismo del poder absoluto que hemos heredado desde la época colonial. Los estados verdaderamente federales, como Alemania o Estados Unidos, funcionan como amortiguadores; distribuyen la carga y la energía de modo que, si una zona tiene una crisis, las autonomías regionales y la municipalización contienen el impacto. El centralismo del poder de forma radical, en cambio, vuelve rígida a toda la nación: si el centro falla o se corrompe, todo el cuerpo del Estado se desploma en cadena, como en efecto sucedió
Frente a este panorama, el falso dilema que ha mantenido secuestrado al país —elegir entre el centralismo de la I, II, III, IV o el de la V República— pierde todo sentido. Estos proyectos históricos fracasaron porque compartieron el mismo pecado original: la concentración absoluta del poder en la capital. Los problemas que padecemos en el día a día no son meros errores de gestión o de un gobernante de turno; son el agotamiento definitivo de una estructura colonial obsoleta que malamente heredamos y que ya no resiste más remiendos.
La respuesta ante la emergencia, no provino de las oficinas del poder centralizado, el cual se mostró paralizado e incapaz de actuar incluso en el corazón de la capital. La verdadera fuerza de rescate emergió de los propios ciudadanos. Fue la sociedad civil la que se rápidamente se organizó, fue la que, de forma inmediata y solidaria, al minuto siguiente salió a las calles a remover los escombros y salvar a sus familiares y vecinos de la tragedia tectónica. Este testimonio de resiliencia civil nos señala el único camino viable para superar también el desastre social. Cualquier intento de negociación internacional, acuerdo cupular o plan de transición diseñado por las élites nacerá muerto si no integra la voluntad de la sociedad civil. La vía para superar este terremoto histórico es abrir un Gran Debate Nacional sobre la Nación que queremos y que a través del diseño de un Plan Estratégico, genere de abajohacia arriba un Proyecto Refundacional redactado desde cada rincón, provincia, municipio, parroquia, sector, gremio o agrupación ciudadana del país.
La solución definitiva exige transitar hacia una VI República bajo el principio de un novedoso *Estado Federal de Poder Descentralizado (EFD)**, sustentado en tres pilares fundamentales:
1. 1. Reingeniería Estructural: Sustituir el presidencialismo hegemónico por una democracia federal con instituciones autónomas y un sistema real de pesos y contrapesos que limite el poder hasta ahora ilimitado de los gobernantes, hecho real que nos ha traído a esta caótica situación.
2. 2. La Descentralización como Motor: La reconstrucción del país debe nacer desde las regiones, instaurando la autonomía fiscal, política y administrativa para que el renacimiento nacional comience desde la periferia hacia el centro, respetando rigurosamente la vocación productiva de cada estado. Para que este motor funcione, es indispensable activar de forma armónica los tres poderes impulsores de la sociedad en cada localidad:
*El Poder Político-Territorial:* Es el que permite que las
decisiones se tomen directamente en el sitio, por autoridades que conviven con
la realidad local y conocen sus urgencias, eliminando la asfixiante e
ineficiente espera de una autorización de la capital. (es lo que sucedió el
martes, al minuto siguiente del terremoto)
*El Poder Económico:* Es la capacidad de generar riqueza en
el sitio, permitiendo que cada región explote y administre sus propias
fortalezas y potencialidades transformándolas en bienes y servicios. Al retener
sus recursos fiscales, las provincias dejan de depender de las dádivas del
centro y se convierten en polos productivos autosustentables.
*El Poder Educativo e Investigativo:* Es el pilar encargado de sembrar el conocimiento en la población. Su función es educar a los ciudadanos e investigar el entorno para aprovechar de manera científica, sostenible y eficiente las materias primas y bendiciones naturales que Dios otorgó a cada región, transformando el recurso bruto en desarrollo real.
3. Un Proyecto Refundacional redactado por los Ciudadanos de cada región: Un anteproyecto de un nuevo Pacto Refundacional nacido de la misma Sociedad Civil que asumió el auxilio del país y el rescate de sus vecinos en sus horas más oscuras mientras el estado central no sabía qué hacer, garantizando que el centralismo no vuelva a estrangular el futuro de la República. (el cómo hacerlo, está desarrollado en el Plan Estratégico que hemos venido ofertando y al cual hasta ahora no se le ha visto su potencialidad.
La lección que nos dejan la naturaleza y la historia es
idéntica: no se pueden forzar las leyes de la física ni la vocación de libertad
de un pueblo por mucho tiempo. La paz verdadera no es la simple ausencia de
conflicto, sino la presencia de orden estructural y justicia.
Invitamos a las Universidades, al movimiento estudiantil, trabajadores,
empresarios, maestros, y todos los sectores organizados de Venezuela
representantes de, Academias, Gremios, Ongs, el foro cultural y académico,
personalidades, los movimientos sociales organizados de calle, sindicatos, la
Iglesia, entre otros, apoyado por los venezolanos comunes y corrientes quienes
en sumatoria somos la incómoda Sociedad Civil a organizarnos con un solo
objetivo central de impulsar, debatir, diseñar y ejecutar un Gran Debate
Nacional sobre la Venezuela que queremos.
Solo rompiendo el bloque del centralismo y fundando una
genuina federación político-territorial podremos sanar las heridas de los
abismos del pasado y levantar, sobre bases firmes, una Venezuela productiva,
evolutiva, innovadora, próspera, moderna, competitiva y verdaderamente libre.
Atte.
Luis "balo" Farias impulsor de la Sociedad civil
organizada e Independiente de Venezuela
Dios con nosotros...
San Cristóbal, 30 de junio de 2026


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